jueves, 3 de septiembre de 2009

Entrevista

Entrevista: Cumbre de la UNASUR de 28 de agosto de 2009 – Bariloche, Argentina. Análisis y perspectivas.


El hipopótamo entrevistó a la profesora Ángela María Arbeláez, Magíster en Estudios Políticos de la Universidad Pontificia Bolivariana de Colombia, para que nos hhablara sobre la pasada cumbre de UNASUR, sus consecuencias, y lo que nos espera para el futuro.


Preguntas:


1. ¿Qué se pudo apreciar en la cumbre sobre el equilibrio del poder en la región, la influencia es mayor hacia Chávez o hacia Lula, o hay un cambio de papeles hacia la derecha “un giro”?


A.A. La cumbre de Unasur, a mi parecer, no definió la estructura del poder del sistema de Estados suramericano. Todo lo contrario, la reunión podría considerarse como un desperdicio en la definición de liderazgos para la región. El eje Chávez-Correa-Morales se mantuvo. En torno a Lula da Silva se mantiene Bachelet y en medio de estos dos ejes se mueven Fernández de Kirchner, Lugo y con algo de distancia, Vásquez. El presidente de Perú, Alan García, no se mostró claro a la hora de tomar partido y Uribe, sin duda, estaba sólo aunque no acorralado.


En todo caso, es comprensible la soledad del presidente colombiano en el tema de las bases dada la tradición de hostilidad que tienen las sociedades latinoamericanas frente a la injerencia norteamericana en la región. Una tradición de hostilidad que sin duda ha exagerado el supuesto papel perverso de los Estados Unidos, el cual, más allá de apoyo brindado al Reino Unido en la Guerra de las Malvinas, poco tuvo que ver en la instauración de regímenes militares en los países que hoy componen Unasur. Una cosa fue la intervención militar directa de los Estados Unidos en Centroamérica, y otra muy distinta la intervención indirecta en Suramérica en donde la influencia norteamericana, como nos lo recuerda el profesor Francisco Leal Buitrago, fue más ideológica que operativa.


2. ¿La transmisión de la cumbre afectó los fines para los que fue convocada? ¿Impidió un ataque directo hacia el presidente Uribe o simplemente redujo insultos y oprobios?


A.A. La sospecha de Lula de que la transmisión audiovisual abierta de la Cumbre de Bariloche reduciría la sinceridad de los mandatarios para abordar el tema era baldía, pues sabemos que los presidentes injuriosos de América Latina no se han limitado nunca ante las cámaras para pronunciar sus sentencias.


Para Uribe, la transmisión en directo era una oportunidad. Su interés era demostrar contundentemente la necesidad de la cooperación militar norteamericana en la lucha contra el narcotráfico y el terrorismo. Además, el recuerdo de lo que fue la Cumbre de Río en República Dominicana, donde el colombiano obtuvo importantes réditos en la opinión pública mundial, seguramente influyó en su petición de que la de Unasur también se emitiera en directo. Pero en este caso, Uribe no impresionó como se esperaba. Quizás lo único que consiguió fue sacar del léxico de sus homólogos la expresión “bases norteamericanas” e introducir la correcta “utilización de bases colombianas”.


3. ¿Cómo se explica el cambio en la diplomacia colombiana pasiva/agresiva? ¿Tiene algo que ver el nuevo Canciller o por el contrario todo es una jugada pro reeleccionista?



A.A. No creo que haya un cambio en la diplomacia colombiana. Sigue siendo pasiva. La maratónica gira por América Latina del presidente Uribe Vélez una semana antes de la Cumbre de Unasur en Quito, sólo consiguió impedir alguna mención que condenara el acuerdo con Estados Unidos en la Declaración Final de aquella reunión previa a la de Bariloche. La diplomacia colombiana no ha logrado construir un verdadero bloque de aliados. Y no ha pensado en la oportunidad que tiene Colombia de liderar en el mundo un bloque antichavista. Colombia, por ejemplo podría mirar hacia América central, desde Panamá hasta México, saltándose a Nicaragua, por supuesto.


4. ¿Cómo ven desde Washington a la UNASUR en general, y al problema por los acuerdos con Colombia en particular?



A.A. Washington ha dejado un poco sola a Colombia. No ha pasado de algunas declaraciones de la Secretaria de Estado y del Presidente. Sin duda, la prioridad del gobierno de Obama no es América Latina. Por supuesto, el espacio para la participación de Estados Unidos en las discusiones no es Unasur, sino la OEA. Pero Colombia necesita más que nunca un respaldo, no sólo operativo, sino discursivo del presidente Obama.



5. ¿El libro blanco?


A.A. Se ha dicho ya suficiente aquello del famoso Libro Blanco del Comando de Movilidad Aérea. No se trata de un documento oficial del Departamento de Defensa, sino de alguna estrategia diseñada por grupos académicos sobre seguridad. No hace parte del National Defense Strategy, publicado en 2008, y disponible en Internet. Este es el verdadero “libro blanco norteamericano” en el cual no hay una sola mención a Palanquero.


Vale la pena en todo caso señalar que Estados Unidos es el único país con capacidad para intervenir en cualquier lugar del planeta y no va a declinar en su función de potencia mundial. Estados Unidos tiene 132 instalaciones militares en el mundo aunque no todas son bases militares propiamente dichas. Sólo en Europa tiene 8 bases militares: en Portugal, España, Gran Bretaña, Islandia, Alemania, Italia, Chipre y Turquía. Y si quiere atacar a América del Sur tiene su base en Guantánamo.


6. ¿Quién ganó dada la declaración final?


A.A. Pese a lo tenue del resultado, ganó Colombia porque no se le condenó y se respetó su principio de soberanía.


7. Denos, por favor, su apreciación sobre la cumbre, sobre el documento final y sobre el orden actual de cosas en la región: hacia dónde se mueven las políticas; quién está ganando la guerra geopolítica; cómo van a cambiar los discursos o si todo va a seguir igual.


A.A. En general la Cumbre sirvió de poco en cuanto a cambios regionales. Se notaron tres cosas: La primera: la necesidad de Colombia de buscar aliados por fuera de América del Sur. La segunda debilidad de Brasil de ejercer un verdadero liderazgo en la región, pese a que sin duda es potencia regional dada su economía, su desarrollo militar, su demografía y territorio. Y la tercera la debilidad, cada vez más notoria, de las integraciones regionales y de las organizaciones internacionales frente a los desafíos de sistema internacional contemporáneo y la revaloración del principio clásico de la soberanía.


En una palabra:

1. Álvaro Uribe y su reelección. Desgaste.

2. Hugo Chávez. Imperialista

3. UNASUR. Ineficaz

4. Colombia en la región. Sola

5. Las FARC. Naufragando

6. Rafael Correa. Bribón.

7. Su candidato a presidente de Colombia para 2010. Sin palabras.

miércoles, 2 de septiembre de 2009

Caricatura



La intolerancia cumple 70 años

Hubo un día en que supimos lo que la intolerancia podía hacer. Hubo un momento de nuestra historia como humanidad, uno de esos momento que nunca contamos con orgullo, en el que nos dimos cuenta de cuán lejos podía llegar un hombre enceguecido por el odio. Hubo, en este mundo de locos, un hombre que nos enseñó la verdadera fuerza destructora de una creecia. Hace muchos años existió, en un país hermoso, un hombre que puso a temblar al mundo entero, que lo arrodilló y exigió de él obediencia. Un hombre con un corazón de hierro que pensaba que había seres humanos mejores que otros, e incluso, que había algunos que no podían llamarse así. Un hombre que tenía el bigote de Chaplin, pero nunca su genialidad.

Hace setenta años dio inicio, con un bombardeo, y la posterior invasión, de Polonia, la Segunda Guerra Mundial. Veinte años más atrás Wilson se jactaba de haber ganado la guerra que acabaría con todas las guerras y Foch se entristecía al notar que solo era un armisticio. ¡Cuánta razón habría de tener! El tratado de Versalles, aquel que aseguraba la paz, se convertiría en una camisa de fuerza, más aún, en el símbolo de la humillación para la que es, aún hoy, la nación más fuerte para trabajar, del mundo. Alemania se venía abajo por las exorbitantes deudas que el tratado le había endosado, además de verse impedida a extender su fuerza militar. El pan costaba oro. Carretillas salían todos los días de las casas alemanas repletas de dinero, para comprar las legumbres del almuerzo. La pobreza aumentaba. El resentimiento agudizaba su influencia en la población. Los partidos de gobierno – Católicos y Socialdemócratas – no daban una solución a los problemas reales de los afligidos alemanes. La empresa privada, manejada desde hacía mucho, por manos judías, aumentaba enormemente sus ganancias. El padre nuestro de cada día, era una bofetada en el culo de todos, un saludo a la bandera, un trabajo mal pago, comida miserable y violencia callejera, mucha violencia provocada por los múltiples grupos paramilitares que surgirían para entonces de todos aquellos jóvenes que habían crecido dando bala en una trinchera francesa en la Primera Guerra Mundial.

El coctel estaba listo. Lo único que faltaba, en esa amalgama de locura infinita, era un hombre que se aprovechara de ella, y ese hombre estaba ahí, tenía la dosis correcta de liderazgo, de manejo de masas, de locura y de odio. Supo abordar los problemas de la población por donde estaban de verdad. Puso la vela hacia donde soplaban los vientos alemanes, y la respuesta no se hizo esperar. Con un grito de batalla, hizo lo que nadie más había podido: encontró al culpable de la derrota, de la deuda y de la pobreza del pueblo alemán. Encendió la colera contra todo un pueblo, los desprestigió y excluyó, encontrando eco en todas las esferas del pueblo y del poder, mientras en los Estados europeos, se daban golpes de pecho contra el descarado tratado de Versalles y admitían, tarde, que el pueblo alemán no tenía la culpa. Los occidentales emprendieron una campaña para preservar la dignidad de los pobres alemanes que tanto sufrían, y admiraron la perseverancia y valor de aquel que acababa de llegar al poder pronosticando un Reich de mil años.

Mientras tanto, en un estadio colmado de enardecidos alemanes, el hombre con el bigote de Chaplin, gritaba con ira y con odio en la voz: ¡Para llegar a ser libres se requiere voluntad, terquedad, odio y nuevamente odio! Al mismo tiempo que una cobarde y sentimental Gran Bretaña, aplaudia y sonreía ante las ocurrencias del cabo alemán.

Solo hasta que fue demasiado tarde el mundo occidental entendió el tamaño del monstruo que habían ayudado a levantar. El pueblo más fuerte y trabajador del mundo, se había embarcado en una aventura guerrera más luego de haber tenido la victoria casi a la mano. Otra vez entendían que solos eran tan fuertes como el resto de Europa unida. Sin embargo, a la siempre cobarde y empequeñecida Francia, que se entregó rendida ante el invasor, se contrapuso una ahora fuerte Gran Bretaña, de la mano de un borracho fumador, que comandaría la victoria del mundo democrático. Muy tarde. La intolerancia empezó a gobernar el mundo. Muertos por doquier, todos judíos, negros, gitanos y homosexuales. ¿Delito? Existir. Campos de concentración, campos de odio, intransigencia, rencor y genocidio pulularon por todo el hermoso territorio europeo. El más cruento Auschwitz, hoy museo mundial para que nadie, nunca, olvide.

Al final, y luego de casi sesenta millones de muertos, el mundo occidental y democrático, que luego comandaría la creación de los derechos humanos, ganó la guerra generada por la guerra que habría de acabar con todas las guerras. ¿Cómo ganó? Estamos en mora todavía de hacerle un juzgamiento, también en Nuremberg, a los que ordenaron el lanzamiento de dos bombas N sobre sendos pueblecitos japones. Estamos debiéndole a la humanidad el juzgar a todos aquellos rusos que oredenaron la muerte sistemática de treinta millones de sus compatriotas en los campos de concentración en Siberia ¿razón? No pensar igual al régimen, en este caso, no pensar igual a dios.

La enseñanza que nos deja la Segunda Guerra Mundial no la podemos olvidar. El hombre puede odiar, y puede odiar mucho. Puede hacer atrocidades que los escritores aún no han descrito; torturas tan horribles, que ni Dante soportaría imaginarlas. La enseñanza que no podemos olvidar es que la intolerancia puede acabar con el mundo. Si, como decía Einstein, la cuarta guerra se peleará con palos y piedras, tenemos que decir también que esa guerra se llevará a cabo porque hay alguien que no soporta a otro pues éste es negro, blanco, amarillo, rojo, homosexual, heterosexual, gitano, citadino, feo, bonito, inteligente o bruto. No importa, lo cierto es que la tercera y la cuarta y la quinta, se pelearán porque no toleramos al otro, porque no podemos vivir con el otro. ¿Cuánta sangre habremos de derramar, cuánta la tierra tiene que absorver para darnos cuenta que somos iguales, que todos reímos y lloramos, y que todos, sin excepción, somos seres humanos?

Hace setenta años Hitler casi acaba con el mundo porque odiaba a los judíos. Lo que no entendió nunca fue que entre tantos rubios, altos, blancos, fornidos y, esos sí, alemanes, el único diferente, era él.

(Editorial de 02 de septiembre de 2009)

Cuento Corto

EL ESPÍRITU DE DIOS


Mar abierto. Noche sin luna. Silencio absoluto. Agua, solo agua. Agua negra con visos de plata. Agua que se mueve, pero permanece inmóvil. Un minuto. Sesenta minutos. Ciento ochenta minutos. “El Espíritu de Dios”. Sólo un asistente se queda hasta el final. Los demás abandonan la sala, primero solos o en parejas, luego en grupos, los últimos se van en manada. En algunas funciones, ni siquiera un solo espectador se queda hasta el último instante. A veces todos, al mismo tiempo, abandonan la sala. Aprovechan para expresar su descontento, su impaciencia, su gran indignación. Nadie lo entiende en la Industria. Los inversionistas han confiado en él y las Seis Grandes Majors (¿para qué repetir sus nombres majestuosos?) se asociaron entusiasmadas para apoyar, promover, producir, post-producir, distribuir y hasta exhibir la obra. El director es bastante famoso. Tiene una extensa trayectoria cinematográfica. Sus galardones se cuentan por decenas; ha recibido varios Oscars. Todas sus producciones, sin excepción, inclusive los largometrajes que sólo había dirigido, superaron siempre las previsiones más optimistas. No fue un rodaje sencillo ni tampoco fue poco costoso. Fue difícil mantener hasta el final el secreto. Entre los responsables de la post-producción había algunos que no compartían el entusiasmo del director. Una sola cámara a ras de agua, “el Espíritu de Dios volando, diría él transportado, sobre la faz del abismo”.



Autor: Camilo Uribe Posada

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