miércoles, 16 de septiembre de 2009



No sé por qué se complican tanto... si basta con retirar una letrica: "En adelante, el Presidente de la República, para todos los efectos, será el Residente de la República"

Editorial - 16 de septiembre de 2009

The Beatles


El 13 de septiembre de 1969, hace cuarenta años, el grupo que lo inventó casi todo en la música pop, se separaba. No iba a ser sino hasta 1970, cuando lo iban a admitir públicamente, haciéndolo formal. Nunca más, fue la consigna. Tuvo que morir uno de ellos, para que los restantes tres se decidieran a volver a tocar juntos.


Alguna vez, George Harrison, el hombre que se inventó la que sería la canción más hermosa del siglo XX, dijo que The Beatles, habían salvado al mundo del aburrimiento. No se equivocó. John Lennon, el hombre al que le dieron cuatro tiros justo cuando llegaba a su casa en Nueva York, hizo que quemaran gran cantidad de sus discos, el día en que dijo que ellos (The Beatles), eran más famosos que Jesús. Era cierto. Tal vez, aún hoy, todavía lo sea. Paul McCartney, el hombre de Yesterday (que suma más de 1300 ediciones en las voces de otros artistas), dijo que dentro de 100 años, la gente escucharía a The Beatles, como escucha a Beethoven. No se necesitó tanto tiempo. Ringo Starr, declaró una vez que no iba a decir nada, porque nunca nadie le creía, sin embargo, dijo que había habido momentos mágicos, momentos de verdadero amor entre los cuatro.


Cuando los Bee Gees escucharon por primera vez el disco "Sargent peppers", se quedaron estupefactos, según cuenta Robin Gibb, lo único que atinó a decir fue: "Dios mío, los malditos genios lo hicieron de nuevo”.


El 8 de diciembre de 1980, luego de que John dijera que no quería morir a los cuarenta, y dos meses después de cumplirlos, Mark David Chapman, acababa con la vida de un genio. El 29 de noviembre de 2001, víctima de un cáncer, y rodeado de su familia, muere George, el eterno enamorado. Paul y Ringo siguen alegrando al mundo con sus tonadas.


De The Beatles, no se puede hablar de una manera distinta a como lo hacen ellos mismo en sus canciones. Canciones de amor, de perdón, de alegría, de felicidad, de apoyo, una invitación infinita a seguir adelante (Hey Jude, don´t make it bad, take a sad song and make it better…). The Beatles enamoraron al mundo. Todavía recuerdo la primera vez en que fui consiente de lo que significaba All you need is love, something in the way she moves y let it be. Sé lo que estaba haciendo cuando George se murió, lloré como un niño (I´ve got my mind set on you), y soy de los que cada ocho de diciembre enciende una vela y la pone en la ventana para que por siempre haya Strawberry fields


Algunas personas, con todo el derecho que los acompaña, dicen, hoy, que están oyendo un clásico, una canción que tiene, a lo sumo, cinco o seis años. En sólo diez años, The Beatles crearon obras maestras que perdurarán por siempre. Nadie, nunca, hace comentarios desobligantes sobre la novedad de sus canciones cuando suenan. Todos reconocen su genialidad. El circo del sol, tiene una obra que sólo tiene su música; hace poco, una película hizo lo mismo. Alguien, alguna vez, dijo que sin The Beatles, todos estaríamos haciendo algo distinto. Ellos, cuatro jovencitos, peludos y perezosos de Liverpool, cambiaron al mundo.


Cuando comenzaron eran cinco y Ringo no estaba. Stu tocaba de espaldas para que nadie se diera cuenta de que no sabía tocar el bajo. Pete Best tocaba con ellos porque su mamá les prestaba el garaje para ensayar. Tocaban en Holanda hasta 12 horas diarias por un sueldo miserable y consumiendo anfetaminas para poder resistir esas jornadas maratónicas. Un día, Brian compró al grupo. El hombre que los vendió, por una cifra muy pequeña, escribiría, años después, un libro titulado El hombre que vendió a The Beatles.


John y Paul, se encerraban en un baño a ensayar pues las voces les sonaban mejor con esa acústica; Harrison se quedaba todos los días dibujando pequeñas guitarras luego de que terminaba la clase; Ringo recibió de regalo de navidad unos tambores, y al siguiente febrero ya estaba tocando con un grupo.


Eran jóvenes comunes, con vidas comunes. El padre de Paul, viendo el éxito de su hijo, solo le pedía que en lugar del vulgar yeah, cantara, junto con sus amigos, un más moderado yes. La madre de John murió atropellada por un tren. Harrison vivió siempre detrás de John y Ringo llegó al grupo porque a George Martin no le gustó, nunca, Pete Best. Nada fue mágico, no hubo alineaciones planetarias, ninguno nació bajo un signo distinto a los bombardeos alemanes, ninguno vendió su alma – como un día me dijo un profesor –, ninguno compró la fama. Sin embargo, cuando estuvieron juntos (George, John, Paul, Ringo, Brian y George M.) todo fue arte, todo fue inmortal.


No soy capaz de escribir algo coherente, lo anteriormente expuesto, es lo que recuerdo de ellos, lo que siempre está conmigo. Ofrezco disculpas por no poder dar un escrito científico o periodísticamente correcto sobre el tema. Sencillamente de The Beatles, se habla con el corazón.


Hago un homenaje a los dos Beatles fallecidos, paz en sus tumbas.

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